Además de cultura e historia, Eslovenia ofrece al visitante una naturaleza única y nada masificada. Dejando la capital, Ljubljana, el recorrido por la zona oeste llegando hasta los Alpes Julianos y el Lago Bled, descendiendo después hasta la Costa del Adriático, es una de las propuestas más atractivas para un primer viaje por Eslovenia. En apenas 20.256 km2 (la mitad de Suiza y más pequeña que Sicilia) convergen las crestas orientales de los Alpes y el sistema dinárico, la costa norte del Adriático, el Sistema Montañoso de Krast (Carso) con sus grutas y ríos subterráneos, zonas de colinas cubiertas en parte por viñedos, el bolsón de Ljubljana, los valles de los ríos Soca, Drava, Sava, Mura y otros y la llanura de Panonia. Cumbres rocosas descienden hacia los bosques y campos de pastoreo, el pedregoso Kras son sus típicas borrascas confina con llanuras cuidadosamente cultivadas; en el sur hay aún bosques casi impenetrables. Numerosos ríos y arroyos irrigan la tierra y hay también surgentes de aguas termales y nivales. El primer impacto que recibe cualquier visitante de este país en verano es su paisaje verde cuidadosamente conservado y las aguas límpidas de sus lagos hablan por sí solos del logro alcanzado con las campañas de conservación de la belleza de la naturaleza. Eslovenia es el punto de encuentro de los Alpes con el cordón de Alpes Dináricos y con la llanura Panónica. Por lo tanto reúne las características del clima mediterráneo, clima alpino y de clima continental <b>...